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Domingo Alberto Rangel M.
El Acuerdo es como el agua...













Domingo Alberto Rangel M.





3erPolo
















Un ex presidente de cuyo nombre no me quiero acordar decía en otras épocas que "lo bueno de la situación era lo malo que se estaba poniendo".

En estos días podríamos parodiar al descarado y decir algo similar con una variación que incluya la correspondiente llamada de alerta.

Lo bueno de la situación actual es que en Venezuela nada va a mejorar mientras arrastremos las recetas empobrecedoras del estatismo, y por ello, mientras no cambie el estilo de gobernar, la situación seguirá empeorando y seguiremos obligados a vivir en el eterno malestar buscando un cambio.

 

CAMBIAR PARA QUE NADA CAMBIE

 

Lamentable entonces sería que los venezolanos nos equivoquemos de nuevo y cambiemos un gobierno estatista por otro del mismo corte y estilo.

Por estas razones, y porque aún no llegamos a nada irreparable en el seno de la oposición, y porque el referendo revocatorio marcha bien a pesar de lo que digan los brujos y las Casandras, no me alarmo como opositor del Gobierno nacional más de lo conveniente por la ausencia de los Salas Romer ni por otros detalles ocurridos en el acto de presentación del Acuerdo de Unidad por la Democracia como que el documento después de tantos vetos y cambios terminó siendo inodoro, incoloro e insípido-.

Toda situación se puede revertir y a lo peor se le puede sacar el lado positivo.

En tal sentido es preferible que los presidenciables de la oposición muestren sus fallas ahora y no cuando sea demasiado tarde.

 

LA VERDADERA POLARIZACIÓN

 

Venezuela no puede embarcarse nuevamente, cuando la sociedad intenta resolver una situación de absoluta polarización como la que existe en estos días, en contra de los intereses del venezolano común.

Situación que no es nueva y que se repite desde hace mucho tiempo cuando pasados malestares no se pudieron resolver y escogimos entre dos caras de la misma moneda.

Para quienes necesiten refrescar la historia, lo cual nunca es malo, el país lleva un cuarto de siglo oscilando entre una y otra opción electoral sin conseguir resultados satisfactorios.

Esta oscilación tiene que ver con el malestar del venezolano común para quien el panorama económico se viene estrechando, primero poco a poco, porque hasta nos creíamos ricos, luego con mayor velocidad, hasta llegar a el caos actual donde un país que hasta los años sesenta era la meta de muchos emigrantes europeos; ahora es un exportador neto de ciudadanos que huyen del hambre, la inseguridad y la falta de perspectivas.

¡Como es fácil de entender, en un país donde el Estado todo lo promete y poco cumple-, no es de extrañar que toda disminución del nivel de vida se exprese negativamente contra quien momentáneamente ejerce la Presidencia de la República!

Eso sería fácil de entender, lo que no entenderíamos es que esta, como las pasadas polarizaciones, no se resolviera y en vez de poner a escoger al pueblo venezolano entre dos opciones distintas siguiéramos pugnando entre dos o más personalidades más o menos pintorescas, estatistas y atrasadas.

O peor aún, que nos pusieran a elegir entre dos caras del mismo billete falso que nos ha empobrecido y que es el estatismo.

 

ALGO DE HISTORIA

 

Desde aquel viernes negro en el que por primera vez, y gracias a la estatización petrolera, Venezuela tuvo que devaluar salvajemente el signo monetario, hasta nuestros días, subsiste una polarización que no se puede resolver por no encontrar líderes que la puedan interpretar.

Me refiero a la polarización entre la gente común y la casta de politiqueros que ordeñan al Estado en beneficio propio.

 

BANDOS ENFRENTADOS

 

Hay dos bandos: Unos son los ciudadanos que no aspiran ser elegidos Presidente, diputado, concejal o ir a un alto cargo ejecutivo donde puedan favorecer amigotes y que solo aspiran a vivir tranquilos de lo que producen trabajando.

En el otro bando se juntan los politiqueros que resultan beneficiados con el poder que les otorga el entarimado legal de un Estado que le niega al individuo el derecho a desarrollar libremente sus las capacidades creadoras de riqueza, capacidades que son las mismas que pueden tener los ciudadanos de cualquier otra nacionalidad, porque a fin de cuentas todos somos iguales.

Así, por no tener alternativas reales, el pueblo venezolano fue convencido en los años ochenta y gracias a la acción de veteranos publicistas, que el problema eran los copeyanos y que llevando a cualquier adeco a la Presidencia las cosas marcharían mejor.

No marcharon mejor con un adeco cualquiera como fue el presidente Lusinchi.

Tampoco marcharon mucho mejor cuando se convenció al país de que el problema se resolvía con un adeco moderno, como C. A. Pérez, en vez de un ortodoxo como pudiera ser el presidente Chávez, a Pérez en todo caso se le reconoce que comenzó la apertura, tímida, y sin mucho apoyo, de la economía y de la política razón por la cual se le derrocó con la complicidad de la Corte Suprema de Justicia de entonces, del Parlamento, de su propio partido y de la sociedad civil, término que entonces significaba Fedecámaras, la CTV y la anquilosada inteligencia vernácula cuyos más prominentes miembros se autodenominaron Los Notables quienes reaccionaron al ver perdidos sus privilegios y colaboraron a escondidas, como los cobardes, con el golpe de Estado de 1992 que encabezó el actual Presidente.

Luego la falsa polarización evitó que se resolvieran los reales problemas del país.

Lo lograron presentando al ya muy mayor Dr. Caldera como solución ante las infidelidades conyugales del presidente Pérez.

¡El desastre fue mayúsculo y el legado peor porque no podemos olvidar que Hugo Chávez viene de esos lodos!

Ahora estamos ante una situación similar y por eso repito que no hay mal que por bien no venga y que nadie debe sentirse deprimido porque no se pudo firmar ningún documento en el Hotel Tamanaco de Caracas.

 

PAYASADAS PRESIDENCIABLES

 

A los aspirantes a líderes hay que exigirles antes que nada mayor seriedad e ideas para superar el estancamiento.

¡Es ridículo que peleen por quien va a firmar primero el documento, por quienes pueden sentarse en la tarima, por quien será el presentador o hasta por si los asistentes tendríamos o no el derecho a aplaudir o si por el contrario habría que apelar a las técnicas del aplauso electrónico como si en vez de un acuerdo político estuviésemos en el programa de Don Francisco!

Pero, como he dicho no hay mal que por bien no venga.

La gente no se va a dividir y el revocatorio será una realidad a su debido tiempo.

Para ese tiempo la opción opositora debe estar purgada.

Purgada de elementos que aseguren que nada va a cambiar porque han saltado la talanquera buscando su propio beneficio.

Para modernizar un país que necesita producir mucho más que los 3 millones de barriles de petróleo que ya se produjeron en 1956 cuando Pérez Jiménez, no se necesitan tales personajes mientras que los votos a favor del revocatorio siempre serán los mismos porque el malestar es imposible de soslayar y será creciente.

Por lo demás tampoco hay que satanizar a nadie y menos a los Salas Romer.

Lo que si se les debe exigir a ellos y a todo personaje que aspire dirigir la transición- es el compromiso firme para desmontar el aparato ideológico que ha convertido a Venezuela en uno de los Estados más intervencionistas del mundo con las catastróficas consecuencias que todos conocemos.

¡Si piensan que se puede restaurar el pasado puntofijista o, peor aún, quitar a los chavistas para dedicarse los vencedores a hacer lo que se viene criticando, entonces todo se habrá perdido y no sería de extrañar que en pocos meses la oposición tuviera de líder a Hugo Chávez con buen chance de volver.
















3erPolo