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Domingo Alberto Rangel M.
Mosca con malograr el triunfo... Pese a la paja de unos y otros la marcha fue un éxito rotundo













Domingo Alberto Rangel M.





3erPolo
















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La marcha del sábado fue un éxito rotundo que no esperaban los escépticos, los impacientes, los violentos, los golpìstas y los que no creen en el camino constitucional y democrático.

Comenzando por quienes se creen héroes que algún día terminarán posando para esculpir futuras estatuas.

Hombres y mujeres, pocos en realidad, pero bullangueros y gritones, que en vez de idear las maneras de mejorar la disminuida vida cotidiana que es lo que hacen los políticos, prefieren consumir dosis diarias de autoembustes y ponerse a soñar con la guerra de la Independencia o con las luchas del Ché Guevara porque amantes de la violencia los hay en todas partes.

Entre estos ejemplares a quienes el éxito de la marcha los ha dejado desnudos hay que señalar en primer término al malandraje que el gobierno mantiene en las inmediaciones del CNE quienes se creyeron su propio cuento y pensaron que la gente común, la que está desesperada ante la situación económica y quiere cambiar de gobierno; o se iba a amedrentar y no saldría a la calle o caería en el juego de los y las casandras de la  oposición, quienes hasta el último momento hacían coro con el gobierno cuando exigían llegar hasta el CNE, "cueste lo que cueste", locura a la cual le añadían "si no, no vale la pena marchar".

Pero si valió la pena.

BURROS DISFRAZADOS DE TIGRES

Ni Lina Ron ni los que se acostumbraron al lenguaje cuartelero de la Plaza Altamira creyeron que la gente saldría por cientos de miles a plenar las calles de Caracas.

No creyeron que cívicamente aquella multitud iba a llegar hasta donde la prudencia lo permitiese porque el 13 no era ni el día D, ni tampoco en esa fecha se iba a tomar ninguna Bastilla o Cuartel de Moncada, no faltaba más.

Hasta los directivos del recién creado comando de campaña de la CDV comenzando por Henrique Salas Romer- fueron víctimas de la campaña psicológica del gobierno, por una parte, y  la de los talibanes de oposición por otra, cuando la víspera de la marcha pensaron cancelar la convocatoria, aduciendo "que iba a fracasar la convocatoria"; pendejera que no cometieron porque no lograron ponerse de acuerdo en quien iba a ser el vocero y qué rayos iban a decirle a la gente que exige un cambio excluyente porque tampoco se trata de volver a las verrugas del pasado.

La gente en esta oportunidad fue más sensata y madura que los autopropuestos líderes; ojo, que aquí es donde cojeamos.

La gente entiende que el CNE es un organismo del Poder Público que está sujeto a las tensiones de los dos bandos polarizados y que a ambos grupos debe responder.

La gente sabe que es al gobierno al que le conviene una situación de anarquía, donde la irresponsabilidad y la violencia sean la norma, y donde en definitiva se termine agradeciéndole hasta al general García Carneiro cuando este tenga que meter en cintura a los revoltosos.

La gente sabe muy bien donde está la mayoría y solo espera el momento para demostrarlo.

Es curioso que entre quienes más exigen "salidas expresas", "dias D" y otros espejismos sean los opositores que provienen de las filas del chavismo.

Estan "pajeando" como dicen los muchachos y a esta situación habrá que ponerle freno o terminarán llevando a la oposición venezolana hasta un punto en el que las victorias se conviertan en derrotas, como le ocurrió a la izquierda en los años sesenta.

LA LECCION DE LOS SESENTA

Aunque los jóvenes no lo crean, en los años sesenta la izquierda tenía mucho prestigio en el mundo y también en Venezuela.

No solo los intelectuales y políticos, sino mucha gente común pensaba que el futuro del mundo se forjaría en la fragua de Moscú y La Habana.

Los más agudos periodistas, cantantes y líderes estudiantiles militaban en los dos partidos de la izquierda radical y el gobierno del presidente Betancourt perdía terreno luego de rebajar los sueldos en un 10 % y encarar la primera recesión desde que treinta años atrás nos habíamos convertido en un gran productor de petróleo.

Se suponía que era cuestión de tiempo liquidar lo que los periodistas opositores llamaban "gobiernito".

Sin embargo el "gobiernito" de Rómulo Betancourt no solo terminó el período entregándole el mando a otro adeco sino que el puntofijismo duró cuarenta años más.

¿Qué pasó con el entusiasmo de aquella izquierda y que relación tiene eso con la actualidad aunque los tiempos hayan cambiado?

VICTIMAS DEL SHOW BUSSINES:

Historiadores venidos de la izquierda, en abierta contradicción con las posiciones del ahora, han explicado a medias el fenómeno que dilapidó un importante capital político hasta terminar evaporándolo en las brumas del tiempo.

No lo pueden explicar porque sería "cuchillo para sus propias gargantas", ustedes me entienden.

En aras de la verdad todo comenzó cuando creyéndose los émulos de Fidel o el Che, algunos líderes de esa izquierda, los más jóvenes como Teodoro Petkoff y Américo Martín, por citar dos solamente, sostuvieron que "el camino" era la "lucha revolucionaria" en un país que después de pasar todo el siglo XIX en guerra amaba la paz como su valor más preciado.

Para derrocar el "gobiernito" se dejaron llevar por los lugares comunes y embustes que sin embargo sonaban "interesantes" al oído, y que escribidores y periodistas opositores repetían sin cesar.

Se comenzó una guerrilla.

Hubo héroes y muertos, desde luego.

Pero más que eso cauchos quemados, "trancazos" provocados por tachuelas regadas en las calles, muertes de humildes policías y mucho bochinche.

A consecuencia de tanto infantilismo la clientela política de esa izquierda había desaparecido y diez años más tarde votaba a AD y Copei.

PARALELISMO

Es curioso pero todo lo que en la oposición venimos ganando en estos años de lucha, lo podríamos perder si no se produce un deslinde de los sectores irresponsables que también se oponen al "gobiernito" de Hugo Chávez.

Nuevamente desde la comodidad de una columna de prensa o tras el micrófono hay gente que juega el juego del gobierno cuando semanalmente prometen "días D", "argamedones", "ahora o nunca"... como si la política fuese cosa de una fecha.

Siembran desconfianza y pesimismo, en vez de exigir definiciones, cuando a pesar de los errores y verrugas que de hecho existen en la oposición la verdad es que mucho se ha avanzado y es prácticamente imposible que el gobierno actual se consolide en el tiempo.

Prácticamente imposible salvo que la oposición no entienda su misión histórica que no puede circunscribirse a sacar un gobierno para poner otro, como sucedió en la carmonada.

LIDER

Aspirantes a líder los hay, a montones.

Unos con mucho billete, otros con menos, hombres y mujeres, algunos vienen del más rancio chavismo, otros del puntofijismo y otros son realmente "nuevos".

Pero a pesar de tanta variedad ninguno ha "cuajado" como "líder único" porque ninguno presenta hasta ahora, un cuerpo de ideas y programas capaz de sacar a Venezuela del atolladero político, y económico sobre todo, en que nos metió el fracaso del puntofijismo.

¿Pero, puede considerarse líder alguien incapaz de ver los obstáculos a tiempo para advertir lo que va a ocurrir antes de que ocurra?

El líder debe tener bien claro hacía donde se dirige y sus pasos no pueden repetir el presente o conducir al pasado. La oposición puede ser variopinta pero no por ello debe confundirse en un mezclote en el que prevalezcan las ideas del estatismo izquierdoso de Hugo Chávez y mucho menos las verrugas de la corrupción y el "manotigrismo" que caracteriza algunos "proceres" que vienen del RECADI de Luís Herrera y Jaime Lusinchi.

La oposición a Hugo Chávez debe estar orgullosa de ser distinta, aún cuando se puedan respetar las ideas del contrario y aún cuando conciliar es parte de la tarea.

Y ser "distintos" es entre otras cosas saber interpretar las multitudes que repudian a Hugo Chávez pero que ni por asomo quieren saber nada del pasado.

Por hoy se acaba el espacio pero habrá que volver sobre el tema.
















3erPolo