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Domingo Alberto Rangel M.

El menudo y la morocota














Domingo Alberto Rangel M.





3erPolo
















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Como era de esperar cuando el escenario está copado por adversarios que piensan de manera similar pero se detestan, en el mundo de la política la violencia poco a poco va desplazando al raciocinio, a los pocos espacios para el diálogo, al debate de ideas, al contraste entre distintos puntos de vista, de programas y hasta de valores. Y lo sucedido en las marchas del primero de mayo –no solo en la de Caracas- es la crónica de algo que todos sabían que iba a pasar.

 

Afortunadamente no hubo muertes que lamentar y el supuesto saqueo de una tienda PDVAL, a diferencia de lo que indica la propaganda oficialista que infla las pérdidas hasta por “mil millones”, no va más allá de la rotura de parales exteriores y el hurto de uno que otro producto.

 

Lamentable es en cambio que por una parte el gobierno termine recurriendo al empleo de la fuerza para dispersar una manifestación dotada de todos los permisos, a la que se le impidió llegar al sitio pautado y que se trató con un rasero implementado a la luz de la Ley del Embudo porque la oposición no tuvo apoyo gubernamental salvo para ser reprimida, mientras que la manifestación del gobierno tuvo a su favor todo el peso del estado, incluyendo el uso ilegal de partidas presupuestarias para trasladar y dar de comer a los simpatizantes.

 

También es de lamentar que la dirección política de la oposición –sea esta los partidos o los medios- no hubiera buscado una salida mejor al reto que se planteó desde el primer momento porque lo que ocurrió era lo esperado.

 

Y el reto era múltiple porque no sólo se trataba de lo imposible que sería superar la asistencia de la marcha oficialista cuando se sabe que en un país con la economía intervenida y en franco proceso de empobrecimiento es fácil manipular multitudes cuando se tiene el sartén presupuestario agarrado por el mango, sino también de ser coherentes.

 

Me refiero a que la dirigencia opositora debió haber previsto lo que iba a pasar así como prever que los hechos le han dado pie y alas a los sectores más irracionales, violentos y fascistas que cohabitan con la oposición republicana, democrática y liberal si ustedes me permiten.

 

Me refiero a que si en el mundo se han suspendido las aglomeraciones públicas debido a la posible pandemia de influenza; y si tanto los voceros del gobierno como los de la oposición aceptan que se corre peligro de contraer el virus de la influenza en ese tipo de aglomeraciones... lo más lógico habría sido suspender, dejar que el gobierno se cociera en su irresponsable salsa  y dar una respuesta distinta que habría ido desde la rueda de prensa unitaria para denunciar el ventajismo y la irresponsabilidad del gobierno hasta otras salidas que el espacio no me permite exponer.

 

No se hizo así y se llevó a la gente a una emboscada similar a la del 11 de abril del 2002 con la diferencia de que no hubo muertos esta vez.

 

No los hubo, pero si quedó en los participantes de las marchas opositoras de este Día del Trabajador el sentimiento de que van a ser reprimidos con mucha fuerza y sin razón la próxima vez. Sentimiento que como digo e insisto le dará pie y alas a los grupos más violentos, más aventureros y fascistas dentro de la oposición.

 

Mal resultado porque ni se avanzó en el camino de construir las redes que apoyen al capitalismo popular, para aumentar el tamaño de la torta a repartir entre los venezolanos, con firmeza pero sin violencia, ni tampoco ganaron los partidos de la oposición socialista porque como el cachicamo han trabajado para la lapa del golpismo aventurero.

 

La lapa del Guatepeor, diría yo ( email: doalra@yahoo.com ).
















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