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Domingo Alberto Rangel M.

Una Cumbre y tres hipócritas














Domingo Alberto Rangel M.





3erPolo
















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Pocos días antes de la Cumbre Presidencial los desinformadores trabajaban doble turno.

 

En algún programa de televisión escuché un señor que durante el puntofijismo fue embajador cuando no era Canciller, augurando cual oráculo persa que la Presidenta chilena no iba a asistir debido a los supuestos insultos del presidente Chávez al senado de ese país austral.

 

En otro periódico de los tantos que editan a cuenta de las propagandas gubernamentales, otro sabelotodo, con estilo arrabalero, afirmaba la víspera que de está Cumbre “el Imperio saldría con el rabo entre las patas”.

 

Un venezolano que alimente su intelecto con semejantes sandeces perderá vilmente el tiempo y se lo hará perder a los demás seres humanos con los que converse, al servir de vector, como el chipo,  para inocular las tonterías aprendidas a quienes por desgracia se lo topen en una reunión social.

 

Esta Cumbre de Presidentes estuvo a mi juicio signada por la hipocresía de dos que asistieron y de uno que no pudo venir. En especial de los excelentísimos mandatarios del Brasil y de Venezuela, en la primera categoría; y el de los Estados Unidos de América, en la segunda porque George W. Bush no fue invitado.

 

Como es sabido los desinformadores simplifican el aparente diferendo del etanol despachando sus complejidades como si ese agro combustible fuese enemigo del petróleo con lo cual colocan a Venezuela de un lado y al Brasil, ahora aliado de los Estados Unidos del otro.

 

Dejando de lado la imbecilidad de esos fablistanes que se regodean anunciando que “ahora si que la vamos a pasar mal”, aludiendo al mayor uso del etanol, como si ellos no fuesen venezolanos; dejando de lado esa menudencia, creo que lo que dicen esos fablistanes de la radio y la TV son burdas mentiras. Veamos.

 

En realidad son coincidentes los intereses de la Venezuela petrolera, del Brasil que está creciendo a pasos agigantados y de la elite oligárquica del primer mundo, de la cual forma parte la de los Estados Unidos.

 

La gasolina mezclada con etanol forma parte de una estrategia dirigida a darle más años de vida al motor de combustión interna sobrepasado por la tecnología existente y por las necesidades de proteger la calidad de vida en el planeta.

 

Si el día de mañana el mundo comienza a usar automóviles eléctricos o de hidrógeno –cosa factible- las consecuencias inmediatas serían la quiebra de las petroleras –como PDVSA y las otras, entre ellas las relacionadas por vía accionaria con la familia Bush-.

 

Pero no solo las petroleras quebrarían sino que arrastrarían en su caída a las casas fabricantes de automóviles como la General Motor, Mercedes Benz, Toyota etc.

 

El etanol es la solución intermedia para bajarle el precio a la gasolina –asunto prioritario para los países en cuyo subsuelo no se encuentra petróleo- y para contaminar menos, no tan “menos” como con los carros eléctricos o de hidrógeno, pero si lo suficiente para que no rezonguen los ecologistas que ahora son muchos.

 

Esta es la razón que une a los venezolanos con los intereses de las familias petroleras, con los fabricantes de automóviles... y con el Brasil que está a la cabeza en materia de producir etanol.

 

La protesta de Fidel Castro es ridícula.

 

Sobre todo proviniendo de un mandatario que está a la cabeza de un pueblo que aparte de pasar hambre, en materia de transporte está atrasado porque los cubanos sueñan con tener un Lada como un boliburgués sueña con cambiar su 4 x 4 por una Hummer.

 

Y los amagos del presidente Chávez contra su homólogo  Bush también son incomprensibles viniendo de un país que después de tanto estatismo sigue produciendo los mismos casi tres millones de barriles de petróleo que ya se producían en 1956 cuando la crisis de Suez.

 

Por eso digo que esta fue la Cumbre de la Hipocresía, mejor dicho: Hubo una Cumbre y tres hipócritas... 

 

LA JUEZA Y EL MINISTRO

 

El ministro Pedro Carreño confundió su rol de civil al protestar con vehemencia la actuación de una jueza que decidió  juzgar en libertad los veintinueve funcionarios que estaban de guardia la madrugada que se fugó el ex gobernador Eduardo Lapi.

 

Y digo que Carreño confundió su rol porque no daba la impresión de dirigir sus reclamos a la integrante de un poder autónomo del ejecutivo, sino más bien pareciera que Carreño le daba órdenes a un recluta que  equivocó la izquierda con la derecha. Vaínas del militarismo diría uno.

 

No es tan grave sin embargo que Ministro y Presidente bramen por la televisión sus desacuerdos con las decisiones de los otros poderes de la república.

 

Más grave me parece que los responsables del Poder Judicial, respondan de inmediato, como marionetas,  ante los reclamos del Ejecutivo Nacional.

 

Después se quejan cuando se pone en duda la independencia de los poderes.

 

Pero lo más grave  en el dislate de Carreño no es siquiera que la jueza destituida y enmendada tenía razón porque número uno, es difícil que veintinueve venezolanos guarden un secreto; y, número dos, solo el Ministro que una vez explicó que los hogares venezolanos podían ser expiados a través de las pantallas de Direct TV ... puede creer que veintinueve pelagatos, a los que si mucho los sobornaron con  el valor de un carro usado, puedan huir al exterior con lo que supuestamente cobraron por facilitar la evasión de Lapì.

 

Lo más grave es que Carreño no entienda que el despelote del Sistema de Justicia es consecuencia de las políticas estatistas aplicadas en el país por gobiernos socialistas desde hace muchas décadas.

 

Es conocido que en las encuestas de opinión el tema de la inseguridad siempre aparece en los primeros lugares.

 

Tema relacionado con la ineficiencia del Sistema de Justicia del que forma parte el Poder Judicial.

 

Ni jueces ni fiscales pueden trabajar eficientemente porque son muy pocos los que hay y las cárceles están atiborradas de infelices que aún no han sido juzgados porque el Estado no construye otras.

 

En estas condiciones no es de extrañar que los presos se fuguen: Sean políticos o comunes, es igual.

 

A ese respecto es bueno recordar que al general J. V. Gómez no se le escapaban los presos y tampoco a Marcos Pérez Jiménez al que solo se le escapó Alberto Carnevalli. Pero, de allí en adelante comenzó a forjarse, poco a poco, el actual despelote y es bueno recordar que a los adecos se les escapó en dos ocasiones Teodoro Petkoff.

 

A mi entender esa escapadera es resultado de tener un Estado que no se ocupa de sus deberes propios o fundamentales y al mismo tiempo pretende sustituir a la sociedad en todo lo que se le ocurra al Presidente.

 

El resultado fue previsto por el refranero popular: “Quien mucho abarca poco aprieta”.

 

Y la justicia venezolana “no aprieta” como debería porque el Estado no le da recursos como para que funcione como debe ser ya que los churupos se comprometen en buscar objetivos que no son las funciones propias del Estado.

 

Ello explica que la jueza destituida –y los Fiscales del caso- tenía miles de expedientes para resolver en su escritorio y en esas condiciones un ser humano no rinde, y es un milagro que la decisión revocada se ajustaba a la Constitución.

 

Si al Presidente y al Ministro les molesta que los presos se fuguen deberían comenzar a desmontar el estatismo socialista o, para decirlo en estilo que a lo mejor le agrada a Hugo Chávez, deberían abrir de inmediato una Misión Justicia para cumplirle a la gente que se enoja por la inseguridad y reclama soluciones.

 

¡Si planean quedarse hasta el 2021 deberían comenzar a resolver el problema de la inseguridad y a ese respecto propongo que la Misión Justicia comience con la promesa de aumentar en un uno por ciento anual el porcentaje del presupuesto que se dedica al Sistema  de Justicia hasta llegar a un techo del 15 %¡

 

Porcentaje deducible de las promesas que el Presidente hace en el exterior o de lo que hoy día gasta el gobierno nacional en asuntos que no le conciernen y que los haría mejor la sociedad venezolana.

 

 !Mientras tanto recordemos que "el que mucho abarca... poco aprieta¡
















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