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Domingo Alberto Rangel M.

Muchos temas para una columna: ¡Batiburrillo, como en el siglo XIX!














Domingo Alberto Rangel M.





3erPolo
















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Esta columna la he escrito varias veces.

 

En principio me había inspirado en unos datos de Mercosur donde se evidencia que la entrada de Venezuela al grupo en realidad empobreció al mismo en términos de PIB per capita; porque así como la población por el contrario creció un 11 % el PIB solo lo hizo en un más magro 7 % y el PIB per capita decreció en casi 2 % con lo que se demuestra que no somos los ricos entrando a un club de pobres como piensa el presidente Chávez al igual que otros políticos que le precedieron en el cargo.

 

Luego borré todo lo escrito y me concentré en el mensaje anual del Presidente ante la Asamblea Nacional porque me pareció poco serio que se edite en formato DVD el politizado discurso presidencial sin adjuntar las cifras oficiales que lo sustentan porque de otra manera no hay forma de evaluar cuanto dista lo que dijo el Presidente en la Asamblea Nacional de la realidad que reflejan los números, suponiendo que estos son correctos.

 

Olvidadas las cuartillas donde expresé lo que pienso se debió hacer y dejarse de hacer en el año pasado me dediqué entonces a opinar sobre otro tema porque en realidad me molestó la posición del cardenal Castillo Lara quien a sus noventa y tantos años quiere emular a los Ayathollas de Irán en un país como Venezuela donde afortunadamente no nos ha dado por quemar herejes porque consideramos que es mejor separar las funciones del Estado de la conciencia religiosa que es asunto de cada ciudadano. Al menos así pensamos los amantes de la libertad personal.

 

Tampoco me gustó lo escrito para ese momento y dejé a Su Eminencia con el cargo de conciencia de haber provocado que una misa en honor a la Divina Pastora haya terminado en concurso de aplausos y abucheos porque el Cardenal que fue incapaz de poner en su sitio a Blanca Ibáñez cuando podía hacerlo anda ahora metiéndole leña al fuego de la intolerancia.

 

Pora ese entonces había reunido tantos temas en dos cuartillas que decidì titular esta columna como se acostumbraba en la Venezuela del siglo XIX cuando una mezcla periodística se llamaba “Batiburrillo”.

 

Mezclas periodísticas, que ayer al igual que ahora, por mucho abarcar poco es lo que aprietan, al olvidar quienes las escribimos los verdaderos problemas de la gente por andar discutiendo pequeñas tonterías.

 

Algo así como darle más importancia a las máquinas capta huellas que a la desertificación de los suelos o a la inmensa cantidad de energía que con relación al consumo nacional se invierte para mantener encendida la refinería de Amuay en un país en el que a pesar de ser exportador de energía hace años que abundan los cortes de luz debido a caídas en el servicio eléctrico.

 

Así las cosas.
















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