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Domingo Alberto Rangel M.

El viaducto se cae pero no debemos confundir los síntomas con la enfermedad...














Domingo Alberto Rangel M.





3erPolo
















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Dicen que quien madruga agarra “agua clara” pero en el 2006 fue el agua desbordada la que en alianza a varias décadas de imprevisión y los para otros fines imperceptibles coletazos del terremoto en el Zulia, logró inutilizar el viaducto número uno de la Caracas – La Guaira, anticipándose a la llegada de los Reyes, al comienzo del Foro Social Mundial y los cónclaves donde acordarán reglas para que los Sumate Boys o Luís Vicente León elijan los candidatos “unitarios” de la oposición financiada desde el extranjero, neoliberal, cuartorepublicana y mediática.

 

Por los momentos como era de esperar aumenta el número de ciudadanos que se enfadan, para decirlo en términos corteses, con el gobierno presidido por quien malquerido de chiquito ahora busca enmendar el capote acudiendo al antiguo ardid de trasegar los caminos del mundo prometiendo el oro y el moro a cambio de influencia allende las fronteras patrias que es otra manera de sentirse correspondido si no amado.

 

Tienen razón estos ciudadanos en su molestia porque los reales del presupuesto no son del Presidente, los gobiernos tienen fines propios y el presupuesto reglas que rigen su correcta utilización, pero, no deben olvidar estos ciudadanos que ni es Hugo Chávez el primer mandatario venezolano que le regala a Bolivia ni son los síntomas lo que se debe combatir sino la enfermedad.

 

Si por accidente llega a disminuir la andanada de bolserías que a diario ponen a circular locutores y periodistas desde sus espacios mediáticos posiblemente los venezolanos podríamos razonar en sana paz, y la lógica aristotélica diría que un gobierno incapaz de tapar los huecos de sus propias carreteras menos va a pavimentar los caminos rurales en Bolivia o Jamaica.

 

De todas estas promesas a lo sumo quedarán vivos de uno y otro país que se llenarán los bolsillos construyendo con sobreprecios, a sabiendas que en el extranjero no hay Contraloría que valga, mida o tase la obra ejecutada; aún cuando todos saben que de todas maneras Don Clodosvaldo Russian para tales fines no existe.

 

CORRUPCION

 

Hablo entonces de corrupción que siempre la ha habido porque en Venezuela el estatismo ha sido la norma de los gobiernos, pero que cada vez es más desenfadada y cuya reciente opulencia contrasta con la pobreza del venezolano común.

 

No se puede olvidar que, exclusiones aparte, en tiempos de Pérez Jiménez había la posibilidad de brindar el Año Nuevo hasta en los más humildes hogares y el empleo no era una preocupación mientras que al paso que vamos el pobre y el desempleado, que casi es lo mismo, no podrán comprar ni en Mercal para no hablar de un estado de justicia que no existe ni en los municipios donde aún manda “la oposición” porque alcaldes y concejales han sido irresponsables con los jueces de paz.

 

SINTOMA NO ES ENFERMEDAD

 

Pero tampoco se debe confundir el síntoma de la corrupción con la enfermedad del populismo, estatista y socialista que como digo sufre desde hace más de medio siglo un país llamado Venezuela.

 

Cuando Hugo ofrece lo que no le han pedido los mandatarios que invita o que lo invitan, sigue los pasos del Carlos Andrés Pérez que le regaló un inútil barco a Bolivia –o los del Libertador que donde llegaba montaba fiesta con  ganado y caña ajena, jolgorio cuyos gastos al partir el ejército grancolombiano nadie cancelaba- y los del Luís Herrera que financió parte de la guerra centroamericana disfrazando los fondos bélicos como ayuda a la educación. ¡Todos estos gobiernos y gobernantes eran entonces como lo son ahora socialistas!

 

Hugo no hace otra cosa que seguir al pie de la letra el guión del perfecto gobernante estatista, socialista y colectivista que no es cosa nueva en América Latina y que en gran parte explica la pobreza que abunda por estos lares y que  aquí aumenta diga lo que diga el doctor Eljuri.

 

Entonces el objetivo a cambiar es el sistema y no un Ministro o el  Presidente, aún cuando 2006 es un año electoral en el que me distancio de la recomendación de Lampedusa cuando a través del Gattopardo recomienda “cambiar para que nada cambie”.

 

El problema de Venezuela no es que el dinero se invierta “afuera” como coreando a locutoras desgañitadas y periodistas sifrinos repiten las almas ingenuas.

 

Nada que ver.

 

El Producto Bruto per Capita de Venezuela según la modesta calculadora anexada a todo programa Word de Microsoft es de 5. 500 dólares al año.

 

¿Mucho?

 

No sea zoquete amigo lector.

 

Países ricos tienen un per cápita anual que ya ronda los 80. 000 dólares y hasta Singapur pasó hace tiempo la marca de los 35.000 dólares anuales que produce cada ciudadano.

 

¡Aún invirtiendo en Venezuela todo lo que hoy día da el petróleo, y lo poco que producen los privados porque no hay condiciones para producir y desde el alcalde hasta el Presidente obstaculizan la producción de riquezas, no se podrían sufragar las necesidades acumuladas tras décadas de gobiernos empobrecedores!

 

¡Allí está la clave y no en el método para elegir la marioneta “unitaria” que varios hilos quieren manejar en el negado caso que llegue la marioneta a la Presidencia de Venezuela!

 

Para tener un gobierno diferente hay que construir una oposición distinta a la payasada que tenemos porque sin un movimiento que sepa hacia dónde va será imposible cumplir con lo que exige la gente que no es cambiar de gobierno sino que cambie la mala situación y la falta de perspectivas.

 

No somos “ricos” -esa es la primera premisa de una oposiciòn seria- y para serlo hay que ser nacionalista lo que equivale a construir las bases de una democracia capitalista, popular y liberal, algo que no ha habido en Venezuela y que tampoco tienen en mente los politiqueros venezolanos que  viajan al extranjero a buscar fondos para llegar al poder con el compromiso de entregar el futuro gobierno a quienes los fondearon.

 

Como digo en el supuesto negado que llegue al poder esta “oposición” fondeada desde el extranjero es lícito preguntar a qué intereses van a servir ¿los de los venezolanos o los de los gobiernos extranjeros que los financian? Lo que tampoco significa que por apoyar la integración latinoamericana –política correcta- tengamos que hacer el papel del idiota al que todos lo viven porque saben que está borracho.

 

Así las cosas.

 

INGRATITUD

 

Por cierto, en un país signado por las traiciones pienso que el Presidente se debió sentir traicionado cuando los y las beneficiarias de las misiones no salieron a votar en diciembre.

 

La misma ingratitud que sintieron Bolívar, Páez, Monagas, Guzmán, Castro y Pérez Jiménez antes que C. A. Pérez. Pero, ¿será ingratitud o la prueba histórica de que el populismo tiene sus límites?

 

Animo que el 2006 apenas comienza.
















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